II miejsce Adam Rybaczek z XXI Liceum im. św. Stanisława Kostki w Lublinie, uczeń profesor Joanny Stachowskiej

LA FÁBRICA DE NAVIDAD

Miguel agitó perezosamente la mano hacia el armario, en el que se encontraba el despertador. En la oscuridad, medio inconsciente, intentó apagar el timbre agudo. Al cabo de un rato se oyó un fuerte golpeteo a la ventana. El chico se puso de pie de un salto y abrió la ventana sin pensar. De repente, una misteriosa figura lo agarró firmemente por el brazo y lo arrastró al trineo rápidamente.

– ¡Tú! Debes ayudarnos a salvar la Navidad – gritó uno de los elfos sentados allí.

– Ahora, si me disculpe, tengo que hacer esto – dijo el segundo, tras lo cual espolvoreó un puñado de polvo rosa al joven. Miguel se sentía como si estuviera volando e inconscientemente cerró los ojos.

– ¡Levántate! Ya estamos- lo despertó uno de los elfos. 

– ¿Dónde estoy? ¿Quiénes estáis vosotros? ¿Qué estoy haciendo aquí? – un montón de pensamientos pasaban por su cabeza.

– Permíteme que intente explicarte todo. Nos encontramos en la principal fábrica de Navidad del mundo. Somos los empleados, nos llaman duendes gruñones, pero puedes llamarnos como quieras. Y estás aquí porque -continuó después de un momento del silencio – tienes que ayudarnos a salvar la Navidad.

– ¿Qué quieres decir? ¿Yo? Pero… ¡Pero sólo soy un adolescente normal! ¿Por qué me has elegido?

– Eres el primero en una lista especial de los más amables. Por eso estás aquí. Tienes que ayudarnos cuanto antes, si no, no habrá Navidad.

Miguel estaba pensando durante un largo momento en la decisión que debía tomar. Viendo la impaciencia en los rostros de los elfos respondió:

– Bien. Estoy de acuerdo. Te ayudaré, sólo dime qué hacer.

– Qué alivio – disfrutaron los elfos – su primera tarea será encontrar un hada, porque sin ella no podremos empacar todo en nuestro trineo. Entonces tendrás que encontrar el polvo mágico que hace que los renos no tengan miedo a las alturas.

– Haré lo que pueda – dijo el joven con inseguridad y luego se puso a trabajar.

En la primera sala vio una enorme máquina empacando unos jerséis navideños en papel de colores. Miguel estaba fascinado, pero luego siguió buscar un hada.

Al pasar por el salón principal, escuchó un sonido apenas audible como el de una campana, que venía de una habitación pequeña. Se detuvo y, tras un momento de duda, entró.

– Hola, ¿hay alguien aquí? – preguntó – Estoy buscando un hada, porque sin ella no habrá Navidad. ¿Hay alguien aquí que pueda decirme dónde debo buscarla?

Cuando estaba a punto de marcharse oyó una voz tranquila.

– El hada que estás buscando soy yo – dijo una pequeña persona que estaba sentada en un rincón oscuro de la habitación.

– Hola. Soy Miguel – se presentó el chico – he venido a salvar la Navidad y tienes que ayudarme. Los elfos dijeron que no podríamos envolver todos los regalos sin ti. 

– Los elfos olvidan muchas veces que trabajo aquí con ellos. Ayer por la tarde estaba buscando una bolsa de polvo mágico para los renos. Lo encontré aquí, pero uno de los elfos no se dio cuenta de mi presencia y cerró la puerta. Intenté salir, pero todo esto para nada. Sólo tú me has ayudado. Te estoy muy agradecida por esto.

– Entiendo…Faltan pocas horas para la Nochebuena y todavía tenemos que envolver los regalos, llenar el saco del trineo con ellos y salir a la carretera con los renos.

– Vale, corre y empaca tus jerséis y yo me encargaré de los animales. Encuéntrame en el trineo – añadió el hada, y luego corrió rápido hacia el establo de los renos.

Miguel trajo una gran bolsa de jerséis bellamente empaquetados desde el almacén y, con la ayuda de un hada, lo trasladaron al trineo. 

– ¡Gracias Miguel! – gritaron los elfos – ¡Gracias a ti, la Navidad llegará después de todo! – después de lo cual … se alejaron con los renos en la profunda noche.

– Necesito descansar – pensó el chico, agotado por el trabajo bastante duro. Se sentó al lado de la casa y se apoyó contra su pared. Sintió que sus ojos se cerraban lentamente. El mundo que le rodeaba daba vueltas y había estrellas por todas partes…

– ¡Miguel! ¡Levántate! Hoy es Nochebuena. Hay regalos bajo del árbol de Navidad, ¿lo has olvidado? – al oír la alegre voz de su hermana menor, Ana, volvió al instante a la realidad. Se lanzó de la cama, bajó rápidamente las escaleras y cayó de rodillas junto al árbol. Una vez abierto el paquete, se asombró al ver… jersey de espiga. Sorprendido, no se preguntó ni declaró:

– Ya he visto un jersey como este en alguna parte…